El abrazo de la reconciliación

Por Omar Villegas García

Me dijo tu padre que si viene a verte será para darte una paliza – le dijo la madre a su hijo dentro de aquel cuarto de cuatro paredes en cual se encontraban. El joven pagaba una condena en la cárcel debido a un accidente automovilístico.

Todo comenzó el día que Oscar tomó el automóvil de su padre recién comprado, sin permiso. Puesta la mano izquierda en el volante, la derecha en la palanca de cambios y los pies en los pedales, la emoción creció y, en cuestión de minutos se encontraba ya avanzando por las calles de la ciudad. El ambiente de euforia creció aún más cuando varios de sus amigos lo vieron y su vieron al automóvil .Todo era risas y gritos de alegría. Pero un segundo de distracción vastó para que la escena se convirtiera en un mar de lágrimas y lamentos. Sin tener oportunidad de frenar golpeó a otro automóvil, en el cual llevaban a una mujer embarazada. El impacto fue del lado en el que ésta viajaba, provocando que perdiera al niño. Oscar tuvo que pagar las consecuencias.

El padre, enojado con el hijo, prometió no ir a verlo, como castigo a su desobediencia. Pero el amor venció. El padre pisó la cárcel. Veamos la dramática escena del encuentro de éstos…

Ahí están, padre e hijo frente a frente. El muchacho, al ver que su padre avanza hacia él, intenta escapar. Da algunos pasos hacia atrás y se encuentra contra la pared, acorralado. Sus ojos evidencian que busca una manera de escapar. Está asustado. Tiene miedo. Aquella figura paternal que tantas veces recibió con un abrazo cada vez que llegaba a casa, ahora le infundía terror. Decide escapar pero ya es demasiado tarde, a escasos centímetros, frente a él, está el rostro de su padre. Oscar percibe un movimiento de brazos, se prepara para recibir el golpe certero de aquel, que bien sabe, ha ofendido. Cierra los ojos, y entonces, en lugar de recibir el impacto…siente un cálido abrazo. El abrazo del perdón. El padre llora. El hijo no puede hablar. Los dos lloran.

Aunque esta historia no puede ser tomada en su totalidad para representar la relación Dios-hombre, ni tampoco el carácter perfecto de Dios, podría darnos una enseñanza espiritual y recordarnos lo siguiente: Primero, Dios es quien busca a sus hijos, pues éstos no pueden ir a él. Tú y yo estamos incapacitados ya que estamos esclavizados por el pecado, vivimos en la cárcel de mal, pero Dios nos rescata. Ro. 40:2. Segundo, el hombre es culpable y por consiguiente sabe que merece el castigo. El mayor conflicto del hombre está dentro de sí. La relación con su Creador fue dañada, y ahora vive con miedo, con temor. Gen 3:10

Tercero, es el padre el que otorga el perdón. El ofendido es Dios. Sus hijos abusaron de su confianza. Y por la mala decisión de éstos, el padre tiene que cargar con la reparación de los daños. Is.3:4. Cuarto y último punto: el plan de Dios fue que el hombre viviera en armonía con su Padre celestial. Hoy, Dios sufre por la condición del hombre y la relación Padre-hijo que el pecado afectó. Anhela la reconciliación. Dios mismo busca al hombre para que éste acto tenga lugar. Is. 1:18

Dios nos habla a través de su palabra. El sacrificio de la cruz es un llamado a la reconciliación. Tú y yo necesitamos el abrazo del perdón. No importa cuán grande sea la ofensa hecha al padre, Él nos extiende su misericordia y nos perdona.

¡Bendito sea Dios por su bondad, por su deferencia hacia la humanidad!