¡Hace falta un mentor!

Desafíos en una sociedad erotizada

Por David Hernandez

Del otro lado del teléfono la voz trastabillaba con las palabras. Era evidente que le resultaba difícil encontrar la forma de enunciar sus confesiones. De no ser por la amistad que nos unía y la desesperanza de su condición, probablemente nunca hubiera encontrado el valor de desvelarse tal cual y reconocer que tenía un problema con la pornografía, y no podía luchar solo contra eso.

—Tengo una adicción a la pornografía- logró articular – Por más que he querido, no he podido dejar de consumirla.

Evidentemente, una cosa le llevó a la otra y las imágenes que se proyectaban en su mente le hacían sentir un peso enorme sobre su conciencia. Yo sabía que él no era la única persona en esa condición. De hecho, en nuestros días el consumo de pornografía se ha vuelto “normal” entre adolescentes y jóvenes, cuando no, tolerado.[1]

A principios de este año, David Kinnaman, presidente de Barna Group presentó un estudio masivo realizado en los Estados Unidos donde se examinaba la pornografía y la sociedad. En él participaron adolescentes, adultos jóvenes, población en general e incluso pastores y pastores juveniles. Entre los resultados encontraron que la mayoría de los jóvenes y adolescentes usaban la pornografía por aburrimiento, curiosidad y diversión. Solo aquellos mayores de 25 consideraron que podían obtener de ella consejos sexuales. Otro dato interesante es que cada vez menos personas sienten culpabilidad al consumirla o después de, lo que evidencia una mayor tolerancia de ella en nuestra sociedad actual.[2]

La era digital a la que asistimos ha hecho que la pornografía se encuentre en casi todos lados y a cualquier momento. Barna Group encontró que el 85% de los jóvenes y adolescentes han llegado a ella a través de vídeos en línea. Tres cuartas partes de los jóvenes adultos y la mitad de los adolescentes se topan con contenidos eróticos al menos una vez a la semana, “lo que indica que la pornografía no solicitada ha aumentado considerablemente”.

Un popular sitio de estos contenidos informó que en 2015 se consumió nada menos que “87 mil 849 videos pornográficos, que sumaron un total de 4 mil 392 millones de horas de consumo, tan sólo en este sitio web, lo que equivale a retransmitir unos 75 Gb. de datos por segundo. Dicho de otro modo, si dividimos el número de videos eróticos que se vieron el pasado año entre el número total de habitantes de la Tierra, toca a 12 videos vistos por cada humano que habita que este planeta”.[3] México está dentro los primeros 20 países del mundo con mayores visitas a este sitio. Y es el país con mayor difusión de pornografía infantil, según la ONU.[4] En tan solo cinco años se ha detectado 4 mil páginas de pornografía infantil en internet (otro gran flagelo en nuestra sociedad). Las ganancias que se generan en estos sitios ascienden a: ¡más de 30 millones de dólares al año![5]

Todo lo anterior para decir que, hoy más que nunca, la pornografía se ha vuelto en un fenómeno social enorme. El hecho de que es más accesible, asedia por todos lados, se le ha tolerado más e incluso se la defiende como inofensiva y de relativa moralmente, supone un gran desafío para la Iglesia Adventista y su defensa de la santidad de la sexualidad. ¿Cómo ayudar a nuestros jóvenes para no ser arrastrados por la mentalidad secular posmoderna y toda la ideología que defienden? ¿Qué hacer para que cada vez más jóvenes adventistas puedan disfrutar de su sexualidad cuando llegue el momento adecuado? ¿Qué estrategias debemos implementar? ¿Cuál debe ser el rol de la iglesia local, de los administradores de los diversos departamentos de la iglesia a nivel asociación, de las instituciones educativas adventistas, y por supuesto, de las familias a fin de ayudarlos a mantener la identidad y valores adventistas?

Me parece que es más evidente la necesidad de mentores juveniles que nos ayuden a sortear los desafíos morales propio de nuestra época. Modelos que nos inspiren, nos eduquen desde el ejemplo como en las palabras. Hombres y mujeres que tengan una relación estrecha con los jóvenes y adolescentes, que aprendan a amarlos e inspiren amor hacia ellos. Hay un lugar para mentores que como Pablo hacia Tito o Timoteo les diga con atención paternal: “Huye de las malas pasiones de la juventud, y esmérate en seguir la justicia, la fe, el amor y la paz, junto con los que invocan al Señor con un corazón limpio” (2 Tim. 2:22 NBD).

¿Quieres ser un mentor?

 

Referencias:

[1] El 89% de los adolescentes y 95% de los jóvenes dijeron que al conversar sobre el tema en sus círculos de amistad, lo hacen en forma neutral, aceptable o alentadora, según Barna Group. https://www.barna.org/blog/culture-media/david-kinnaman/the-porn-phenomenon. Y de acuerdo con la “Encuesta General Social” desarrollada por Parametría y el Colegio de México, solo el 39% de ciudadanos mexicanos considera que la pornografía debiera ser ilegal en términos generales, aunque el 70% opina que lleva a la pérdida de valores http://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=4101

[2] Ibíd.

[3] http://www.sinembargo.mx/10-01-2016/1594923

 [4] http://www.merca20.com/3-relevantes-datos-la-industria-la-pornografia-en-mexico/

[5] http://www5.diputados.gob.mx/index.php/esl/Comunicacion/Boletines/2015/Abril/24/5523-En-Mexico-se-detectan-mas-de-4-mil-paginas-de-pornografia-infantil-en-Internet

Imagen sacada de freepik

<a href=”http://www.freepik.com”>Designed by Bedneyimages / Freepik</a>

COMPARTIR
Artículo anterior“Mi abrazo celestial”
Artículo siguienteHello world!